La extraña pareja
La otra tarde, tomaba una cerveza en una terraza, a solas. Un chico y una chica, en la mesa de al lado, hablaban, con pasión alcohólica, de la vida, del amor, de los amigos, de las putas, de los hijos, de los ex maridos y las ex mujeres, de los hijos de puta que son ellos y lo hijas de puta que son ellas... De la honradez, de la pesadez, de la embriaguez, de pedirse otra...
A veces, me dedico a eso. Me pido en una cerveza, o dos, en una terraza y escucho a la gente. No finjo hacer otra cosa ni esperar a nadie. Escucho. Me diluyo en el mundo, me mezclo con los demás como una lágrima de sacarina en una taza de café.
Él le dijo a ella, oye, quédate a dormir, vemos una serie y lo tomamos con calma.
Ella le dijo a él, no sé, si me quedo es para follar.
Yo ya sabía que follarían, pero él insistía en el modo sofá y manta, creo que no estaba en disposición de leer la jugada, o tal vez no estaba tan interesado como ella. Creo que él quería un polvo, pero no quería darle entender que lo necesitaba tanto, o tal vez no le interesaba tanto... Vete tú a saber
Él le dijo a ella, quédate, y mañana te llevo a trabajar
Ella le dijo a él, tengo un problema, no me he echado bragas
Él le dijo a ella, no tenemos porque hacer nada que no quieras
Ella pagó y se fueron, no de la mano, dando bandazos camino de una serie que no verían, espero que a follar.
Mañana se levantarían, resacosos y muy probablemente poco orgullosos de lo que había ocurrido. O sí, vete tú a saber.
Yo asistí a aquello. Estuve allí. Me tomé mi cerveza, y me pedí una más para celebrar el amor, el follar y las mentiras innecesarias que se dicen los unos a los otros para no parecer lo que realmente son. Por qué nos preocupamos tanto por parecer. No hay que parecer. Hay que ser. Y para ser, hay que conocer la propia verdad de uno y decirla sin miedo.
Espero que follaran, de verdad. Y que fuera una follada de las buenas.
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